La incomprensión es lo que mata. Es evidente. He ido a currar, todo normal, incluso un poco divertido si he de ser sincero. Después ha empezado a venir gente, Víctor y Leti, Solano y María, Koldo, Jose, David y Laura… Supongo que después de dos semanas de falta absoluta de intimidad es demasidado asfixiante. No quiero parecer desagradecido, me ha gustado mucho que vinieran todos ellos. No sé lo que quiero, pero me parece que implica de algún modo la soledad, o al menos la relación de pareja en soledad. Si no puede ser, me quedaré solo. Llevo mucho tiempo sin estar con Lore a solas. Cuando estamos a solas no estamos. La vida para mí siempre ha sido grandes cosas, grandes fiestas, grandes comidas, grandes polvos, grandes aventuras en bares. Esta tibieza me agota, me descentra, me agobia mucho. Empiezo a no valorar las cosas, porque son tibias. De nada me sirve hacer algo con Lore que ella no siente que quiere hacer. De nada me sirve que se limite a estar ahí. El hacerlo por mí no es suficiente, porque no es nada. Es algo que, sin mi impulso, simplemente no estaría. Quiero recuperar cosas que he sido, y digo eso quizá por no decir cosas que hemos sido. Soy una especie de gilipollas, supongo. Me iré a la cama con la sensación de un nuevo día perdido, y no porque no me lo haya pasado bien, sino porque no ha sido definitivo. Otra vez. Porque ha sido otro día. Sin más. No he querido salir, de nada sirve empeorar aún más las cosas. Medianizarlo todo más aún. No quiero que se me malinterprete. No digo que ciertas cosas estén mal por el hecho de ser tibias, sino que, simplemente, no necesito tibiezas ahora mismo. Mañana al curro, más medianía, tarde de siesta y luego… ¿qué?, ¿un par de bares sin demasiadas ganas, sin ímpetu? A veces me siento como una mula que tira de un carro de ilusión que cada vez se cree menos a sí mismo. Luego el domingo, sensación de domingo tarde después de comer, búsqueda paranóica de algo que justifique el fin de semana, visita a otro bar, o al cine, o a algún centro comercial, o a algún sitio donde echar una partida de algo que mate el tiempo. Ilusión. La incomprensión es lo que mata. Definitivamente. Cervezas.
Autor: miguel
formado para no ser nada
Más diario. Trasuntos de informáticos, de freakis, de aficiones desmedidas, hipostasiadas. Empiezo a sentir que mi formación es demasiado general, demasiado abierta. Supongo que eso no es malo del todo, que lo único que significa es que aún no he perdido del todo la cordura. En cuanto a la tensión, a golpe de cigarro y tequila ando, que el médico me ha dicho que hasta el lunes debo hacer mi vida normal para no influir en la analítica. Culo de piedra. Anal-litos. Desplazado de cualquier parte me sumerjo en el fondo, en lo que hay debajo, me pierdo los detalles, porque todos ellos no son un fin en sí mismos, sino un camino hacia abajo, un camino hacia abajo. NO hay mucho sentido en todo esto. Todos reímos, hablamos, nos disfrazamos de cosas para pensar que somos esas cosas. Pero debajo… hay un mundo vacío, semi despoblado, en el que sombras pululan sin contenido, porque el contenido se le deja a los detalles. No a la forma. Posiblemente me equivoque, pero no tengo ni idea. ¿Por qué le caigo bien a la gente? No lo sé. No encuentro motivos. Estoy tan lejos… y se nota. Se nota mucho. Siempre estoy en otra parte. No quiero decir por encima, ni mucho menos, simplemente en otra parte. Yo pongo los puntos en otra parte. Siempre en otra parte, por lo que los puntos de conexión se difuminan hasta desaparecer. y eso hacen. Me he formado para no ser nada, teniendo una idea de todo. Me da igual el cine que la literatura que la informática que el fútbol, las corrientes que subyacen me parecen siempre las mismas, ahí encuentro el nexo que articula la realidad. Me acuerdo mucho últimamente de la náusea, no sé por qué. Les sigo cayendo bien, eso es positivo. Me gusta, se acercan y me cuentan. Desposeído, una palabra que tengo muy presente desde hace algunos meses, me siento desposeído de todo. En medio de todo. Me acuerdo de muchas cosas. Y no entiendo casi nada. El sexo, la luz. En un mismo sentido la música. Ess mus sein, decía en sus últimos tiempos, de eso me acuerdo ahora. El cigarro en el cenicero y lore en la cama. El tequila en el vaso. Y todo ello tan verdadero al mismo tiempo que tan falso. Demasiadas veces he visto matrix, creo. O el club de la lucha. Yo no soy mis camisas, ni mi trabajo, ni mi ordenador. Yo no soy mis días.
Cervezas siempre.
hipertensión
Sí, sí, sí, estoy replanteando mi vida, supongo, después de las vacaciones. Vale, aún sin las pruebas correspondientes, parece ser que soy hipertenso. No entiendo por qué ese simple hecho les da licencia para pincharme por todas partes y examinar mi orina, no veo que algo así legitime la adquisición de un nuevo conejillo de indias. La familia de lore se fue y polvazo de la muerte, noche de fiesta en la batcueva. Últimamente quedo mucho para jugar con todo el mundo (eso me relaja) y ando menos por internet, a veces me dan ganas de meter el esfuerzo en otra parte, de mandar algo al parnaso o volver a atramentum, simplemente por el hecho de ver movimiento. Ahora mismo me lío con la guitarra y san se acabo, que ese esfuerzo se ve, se palpa, y todo eso. Menos mal que tú, amanda, sigues con fuerza en esto, porque si no… Buah, vamos allá, diario de un tarado, 31 de julio de tal y tal. He ido a ver al médico esperando ver médica, pero no, no me han cambiado todavía. Entro, saludo formal y correcto y cuento. Cuento y coge ese par de instrumentos nazis que son el flotador inchable mediante pera y el fonendoscopio, me jode el brazo apretando, suelta: 19-11, se pone pálido, me mete en otra habitación y atiende a otro paciente. Me coje otra vez, aprieta y 15-10, se le ve respirar mejor, al pobre hombre. No me va a medicar, me va a taladrar las venas el lunes nada más, de momento. Con estos tipos siempre es de momento. Me voy a comprar, con la espalda jodida pillo papel de kk y jabón para la lavadora, que hace horas extras para compensar el abandono al que la hemos sometido últimamente. Llamo al curro y cuento, cuento y no voy a currar hoy. Llamo a lore y a leti y a mi madre y cuento, repitiéndome a discrección. Un hombre lo oye, me para en la calle y tenemos una buena charlita allí en medio. Él ha dejado de fumar, de beber y ha perdido cuarenta kilos, y dice que tiene la tensión como antes, además de tener que medicarse de por vida. Los médicos no tienen ni puta idea de por qué sube la tensión. Si mi vida no estuviera tan desvencijada y tan perdida, la pobre, mi tensión sería normal. Supongo que sin esta vida tan tonta todo sería de otra manera. Subo a casa y zeus, y el fondo del bar, y la guitarra que me llama, y la guitarra y un tinto de verano en cuanto pueda, que el tiempo escasea y hay que recuperar fondo. Prometo que mañana más.