Se tiembla al pensar lo misteriosa que es el alma que no reconoce ninguna jurisdicción humana y que, a pesar del inocente y del individuo, continúa teniendo horrendos sueños y continúa murmurando irrepetibles pensamientos.
Herman Melville.
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Se tiembla al pensar lo misteriosa que es el alma que no reconoce ninguna jurisdicción humana y que, a pesar del inocente y del individuo, continúa teniendo horrendos sueños y continúa murmurando irrepetibles pensamientos.
Herman Melville.
Mis pasos en esta calle,
resuenan en otra calle,
donde oigo mis pasos pasar en esta calle,
donde sólo es real la niebla.
Octavio Paz.
Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdon es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.
Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar constantemente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.
Felipe Benítez Reyes.
Los vanos mundos, 1985.