{"id":659,"date":"2004-08-18T00:30:11","date_gmt":"2004-08-17T22:30:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=659"},"modified":"2004-08-18T00:30:11","modified_gmt":"2004-08-17T22:30:11","slug":"cortinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=659","title":{"rendered":"cortinas"},"content":{"rendered":"<p>\t\t\t\tY nos vamos fuera, al lugar donde las cosas suceden. Nos vamos donde cantan las ni\u00f1as por las calles estrenando gestos sensuales de mujer, idiotizadas por sus propios pulsos, por el efecto brutal del estr\u00f3geno; donde los sarc\u00e1sticos confunden la noche con un escenario mientras apuran copas de Dyc que pagan religiosamente, observando la corredera con gesto \u00e1vido y hambriento; donde, en suma, la noche es noche y est\u00e1 puesta para algo. Recorremos los garitos que nos saludan al pasar, recordando d\u00edas y d\u00edas que sucedieron y se posaron en las retinas faltas de vida de los que se limitan a recorrer el tiempo como si fuera el camino del sof\u00e1 a la nevera, recorremos los brazos y las cinturas y los torsos pendientes de en qu\u00e9 lugar exacto est\u00e1 el otro. Reconocemos las caras, damos besos, apretones de manos, aplastamos dedos, rompemos espaldas, invitamos a litros espurios que desaparecen en los gaznates sedientos de los perdidos, de los que perdieron, de los que siguen perdiendo a pesar de todo. Nos vamos emborrachando, cada cual desde su propia desesperanza, cada cual desde su propia melancol\u00eda. Vamos al ba\u00f1o y licuamos los restos amarillos de la noche que no acaba, que no va a acabar, que no se va a acabar nunca. No se puede acabar porque sin ella s\u00ed que estamos definitivamente perdidos.<\/p>\n<p>Le doy la mano y la toma. Estamos as\u00ed, un poco idiotas, escuchando m\u00fasica que retumba en el hueco de los ojos, vibra en la c\u00e1mara anterior y aumenta la presi\u00f3n del l\u00edquido interno, dej\u00e1ndonos literalmente ciegos. Estamos as\u00ed, tenues, pasmados, riendo y contrayendo los m\u00fasculos de la cara, frunciendo el ce\u00f1o, levantando las orejas, enardeciendo las cejas, tensando la sonrisa, disparando una flecha en forma de beso tontorr\u00f3n y sincero. El resto de la gente no es m\u00e1s que eso, gente, y est\u00e1n all\u00ed para complacernos. Para contarnos an\u00e9cdotas divertidas, re\u00edrnos las gilipolleces, sujetarnos el mini, obedecernos, tocarnos los huevos, jodernos un rato, templar con el tiempo, para construir un escenario conveniente donde guarecernos. Es f\u00e1cil conocer gente cuando tienes el \u00e1nimo dispuesto.<\/p>\n<p>Cuando no lo tienes, es imposible.<\/p>\n<p>Y es lo raro. Porque todo el mundo est\u00e1 deseando conocer a todo el mundo, cada cual desde su castillo de naipes. No se atreven, no tienen las narices suficientes de irradiar hacia delante e iniciar un momento. Los momentos no se inician solos. Nunca lo han hecho.<\/p>\n<p>Conocemos a Ram\u00f3n, que es carnicero y licenciado en geolog\u00eda, y a su novia (\u00bfAna, Carolina, Puleva Calcio?). Ambos frisan los cuarenta y se toman la barbaridad con calma, no tienen prisa. Pueden estar bebiendo hasta el mediod\u00eda de ma\u00f1ana, si se presenta la ocasi\u00f3n. Cuando cierran los bares nos meten en un coche y nos llevan a su casa, en medio de Hortaleza. Un buen portal da entrada a un desastre, roto, desordenado, perdido, con un cierto aire a rancio mezclado con algo de sensibilidad hippie. All\u00ed sacan m\u00e1s cervezas y algo de Dyc y dejamos que nos hablen de la vida, que para eso son los expertos. Tenemos la suerte de recibir severas y serias lecciones magistrales sobre el efecto exfoliante de los d\u00edas en el c\u00f3rtex. Tienen la sensaci\u00f3n de que todo acab\u00f3 cuando lo hizo, pero siguen hablando de proyectos y viajes y vidas en medios rurales que nunca llegan, de cuadros que a\u00fan no han pintado y que no pintar\u00e1n nunca. Definitivamente, van a juego con la casa. Yo me lanzo a por la cerveza para escapar del escenario y me llevo a Elisa lejos, a un lugar lleno de besos y de toqueteos. No parece que nos d\u00e9 ninguna verg\u00fcenza adentrarnos en los terrenos h\u00famedos y c\u00e1lidos en los que nos movemos bien, con soltura, con habilidad ganada a pulso. Todo va bien hasta que, en un momento dado, abro los ojos y veo a Ram\u00f3n tras Elisa mientras noto a Puleva Calcio sobeteandome con unas manos que no pens\u00e9 suyas. Le doy una leve sacudida a Elisa y all\u00ed nos quedamos los dos, mir\u00e1ndonos extra\u00f1ados, mientras los otros siguen haciendo lo suyo.<\/p>\n<p>Este es el momento en el que todo se decide, el lugar y la hora. Y mi decisi\u00f3n es clara. Pongo un gesto de interrogaci\u00f3n, y Elisa me dice \u00abno\u00bb con la punta de la nariz. Estamos de acuerdo, eso est\u00e1 bien. Nos disculpamos, nos levantamos y nos despedimos como si nada hubiera pasado, alegando en nuestra defensa la jornada laboral de ma\u00f1ana y el corrimiento inoportuno de la aguja horario. Ellos son amables, insisten un par de veces, con normalidad. Lo lamentamos y bajamos las escaleras. Salimos a la calle, doblamos la esquina y nos apoyamos en la pared, ri\u00e9ndonos a carcajadas.<\/p>\n<p>Y, en mitad de la risa, colocando un mech\u00f3n descuidado tras la oreja, ella se acerca y me besa. Apoya el pecho en m\u00ed y siento c\u00f3mo su coraz\u00f3n, revolucionado por el esfuerzo de bajar a la calle, o por el momento, o por yo qu\u00e9 s\u00e9, est\u00e1 ah\u00ed como si nunca hubiera estado antes. Siento su coraz\u00f3n a trav\u00e9s de su seno, a trav\u00e9s de la camiseta, rebotando levemente contra mi pecho. Me doy cuenta de que los latidos tienen la misma cadencia, el mismo ritmo. Apoya su mano en mi costado, el beso profundiza, mi mano rodea su espalda, huele bien, huele todo como si fuera nuevo, reci\u00e9n creado. Pongo mi cara en su cuello, oliendo la p\u00e1tina de sudor en su piel, huelo la humedad de la espalda. Bajo los pantalones, y pese a ellos de alg\u00fan modo, nuestros sexos encajan, se mimetizan, revocan la distancia de la tela, la distancia de las dos mentalidades, la distancia de ser dos diferentes jugueteando a ser iguales, y en ese momento siento el p\u00e1nico.<\/p>\n<p>El momento se quiebra, se reponen las barreras, las fronteras, los estados, se levantan las embajadas pertinentes, se tienden de nuevo los puentes. Despu\u00e9s de romper la uni\u00f3n inmediata es necesario establecer de nuevo las aproximaciones-suced\u00e1neos que hacen pertinente la idea de que vamos a alguna parte con todo esto.<\/p>\n<p>&#8211; Has estado a punto, \u00bfeh?<br \/>\n&#8211; Bien lo sabes.<br \/>\n&#8211; \u00bfVamos andando a Cibeles?<br \/>\n&#8211; Mejor, que nos d\u00e9 el aire.<br \/>\n&#8211; Que te d\u00e9 a ti.<br \/>\n&#8211; Entonces ponte detr\u00e1s de m\u00ed, lo quiero todo.<\/p>\n<p>Me abraza la cintura, yo camino delante. Es un juego tonto, porque ella no ve nada. Pero yo gu\u00edo. Camino. De vez en cuando me detengo, para preguntarle por d\u00f3nde seguir. Nunca he sido bueno con las localizaciones. Menos con la distancia m\u00e1s corta entre dos puntos. Llegamos a la parada y esperamos al B\u00faho, sentados en algo que renombramos \u00abbanco\u00bb, mir\u00e1ndonos a los ojos. Es lo \u00faltimo que quiero hacer, pero no podr\u00eda decir nada en contra. No en este momento. Recuerdo a Cesc. Una tarde con llamada tiene m\u00e1s fuerza que trescientas tardes esperando una llamada que no sucede. Soy consciente. Lo s\u00e9. Hago trampa, parece que miro dentro de sus ojos, pero tengo una t\u00e9cnica perfecta: observar un punto imaginario que sit\u00fao un metro por detr\u00e1s de su cabeza. De este modo parece que estoy dentro. S\u00e9 que ella s\u00ed lo est\u00e1, y cuido mucho lo que puedan decir mis ojos, les doy una reprimenda que no se han ganado, pero que necesito. He estado a punto de volver a poner el cuello boca arriba, facilitando el mordisco. Es un acto de confianza. Un lobo no dir\u00eda lo mismo, si pudiera hablar me corregir\u00eda diciendo que es un acto de sumisi\u00f3n. Pero un lobo no entiende de antropolog\u00eda, no entiende en absoluto. Para nosotros, que estamos tan civilizados, el cuello boca arriba supone que conf\u00edas lo suficiente en el otro como para descubrir la pulpa fresca de tus sentimientos sin temor a que te la masacren.<\/p>\n<p>En el autob\u00fas se duerme en mi hombro, agotada. Yo miro por la ventana. No quiero estar aqu\u00ed, no quiero estar en absoluto. De ning\u00fan modo. La despierto al llegar a Plaza de Castilla. Me mira, adormilada. Todav\u00eda no ha llegado, est\u00e1 en ese terreno cenagoso en el que es dif\u00edcil reaccionar, en el que no se est\u00e1 dormido ni despierto. Pero su sonrisa le delata.<\/p>\n<p>No quiere estar en ninguna otra parte. Ha despertado donde so\u00f1aba despertar. Levanto en brazos su cuerpo menudo y cruzo la calle hasta la marquesina, intentando no romper su hechizo. Hay pocas cosas bonitas, es necesario respetarlas cuando les suceden a otros. Pago dos billetes y montamos, y justo en el momento en el que parece volver a la realidad encuentro un asiento, apoyo de nuevo su cabeza sobre mi hombro. Vuelve a las profundidades. Le aparto el pelo de la cara, que parece tranquila, relajada.<\/p>\n<p>Hay que respetar los momentos hermosos, cuando les suceden a otros. En eso pienso mientras no veo las calles a ambos lados de la negrura plagada de farolas, a modo de luci\u00e9rnagas (all\u00ed donde la oscuridad huye, acobardada). En eso pienso mientras la oigo respirar. Pienso en mis momentos hermosos. No en los que tuve, sino en los que rehu\u00ed cuando se presentaron.<\/p>\n<p>Hay cosas que filtran la luz sin la misma inocencia que las cortinas. Ni siquiera las cortinas son inocentes. Todo Madrid est\u00e1 plagado de ventanas. Tras las ventanas hay luces, tamizadas por cortinas. Irradian sus propios filtros hac\u00eda fuera, aclarando c\u00f3mo quieren ver sus propias vidas. Oscuras, limpias, sencillas, cada cual responde a una sola verdad. Y lo muestran. El autob\u00fas no tiene cortinas. Yo tengo un alma en el hombro. Tengo un mont\u00f3n de momentos hermosos que se marchitan cuando aparto la vista. Tengo otra colecci\u00f3n de momentos hermosos m\u00e1s confusos, que son recuerdos. El tema no es establecer comparaciones, eso no me preocupa en absoluto. El tema s\u00ed es que los recuerdos hermosos tienen un precio. Es necesario voltear el cuello sin esperar el mordisco. Pero, de antemano, nunca se sabe cu\u00e1l ser\u00e1 el resultado. Agradecer\u00eda haber apurado otra cerveza antes de irme. Despierta. Deseo. Susurro mentalmente. Quiero que despiertes.<\/p>\n<p>&#8211; Mmmm, \u00bfd\u00f3nde estamos?<br \/>\n&#8211; Tranquila, a\u00fan queda un ratito, ap\u00f3yate.<\/p>\n<p>Y hazlo as\u00ed, en este terreno. Hazlo en duermevela. Ap\u00f3yate en mi hombro, pon tu mano en mi antebrazo. Ti\u00e9ndeme un beso adormilado en el cuello. No pienses nada, somnolienta. Tienes que ser consciente de esto, tienes que estar lo suficientemente despierta como para recordarlo alguna vez, cuando quiz\u00e1 pierdas el valor para vivir momentos hermosos y recurras a los que ya fueron. No puedes olvidarlo, no puedes dormirte. Cierra los ojos, pero no olvides.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y nos vamos fuera, al lugar donde las cosas suceden. Nos vamos donde cantan las ni\u00f1as por las calles estrenando gestos sensuales de mujer, idiotizadas por sus propios pulsos, por el efecto brutal del estr\u00f3geno; donde los sarc\u00e1sticos confunden la noche con un escenario mientras apuran copas de Dyc que pagan religiosamente, observando la corredera [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,5],"tags":[],"class_list":["post-659","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-perdiendo","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/659","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=659"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/659\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=659"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=659"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=659"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}