{"id":341,"date":"2004-02-12T21:24:42","date_gmt":"2004-02-12T19:24:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=341"},"modified":"2004-02-12T21:24:42","modified_gmt":"2004-02-12T19:24:42","slug":"17-de-mayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=341","title":{"rendered":"17 de mayo"},"content":{"rendered":"<p>\t\t\t\t(lo prometido es deuda)<\/p>\n<p>Estuvo aqu\u00ed JX, con su rostro contenido, concentrado, pulcro, y su figurita divina envuelta en un traje sastre minifaldero. \u00abAl principio de volver a vernos, tras una pausa de varios d\u00edas, siempre me pregunto: pero veamos, \u00bfcu\u00e1l es la relaci\u00f3n que tengo yo con este se\u00f1or?\u00bb, explica ella riendo. Me ocurre tres cuartos de lo mismo, respondo. \u00abEs como volver a arrancar de cero.\u00bb S\u00ed. \u00abLo cual tiene su gracia.\u00bb  La tiene. \u00abY su riesgo.\u00bb Tambi\u00e9n. \u00ab\u00bfAlguna ventaja?\u00bb la ventaja es que uno ha recuperado la distancia suficiente para volver a percibir al otro.<br \/>\nPercibir al otro. Es menos frecuente y menos simple de lo que parece. Por lo general deambulamos por la vida sin experimentar al otro, sin experimentar a secas.  Sumergidos en nuestros pensamientos, a lo sumo tenemos sensaciones -ef\u00edmeras sensaciones-. Me ocup\u00e9 del tema en alg\u00fan libro m\u00edo. \u00bfC\u00f3mo salir de la c\u00e1psula mental? \u00bfQu\u00e9 es esto de asomarse al exterior? Uno sabe que el llamado mundo exterior se construye como una representaci\u00f3n teatral en el escenario del cerebro; que la informaci\u00f3n que nos alcanza viene tratada, a nivel motivacional por el hipot\u00e1lamo, a nivel asociativo por el neoc\u00f3rtex; que esas asociaciones se realizan sobre una previa codificaci\u00f3n social; que todo lo que tiene nombre es ideol\u00f3gico; que todo lo que se formaliza en sistema tiene que buscar su fundamento en otra parte: G\u00f6del, Tarski; que si empujamos lo bastante, topamos siempre con una paradoja, un l\u00edmite; en suma, que estamos estrictamente condicionados.<\/p>\n<p>Condicionados y confinados. Uno sabe que la nuestra es una habitaci\u00f3n con muy pocas ventanas. Tenemos que procesar se\u00f1ales muy as\u00e9pticas. Procesar para luego construir. En rigor, \u00abAh\u00ed fuera\u00bb no hay ni luz ni color, s\u00f3lo ondas electromagn\u00e9ticas; no hay sonido ni m\u00fasica, s\u00f3lo ondas de presi\u00f3n en el aire; no hay calor ni fr\u00edo, s\u00f3lo mol\u00e9culas que se mueven con mayor o menor energ\u00eda. Y, con toda seguridad, \u00abah\u00ed fuera\u00bb no hay ni dolor ni placer. Ahora bien, las ventanas pueden abrirse y se pueden trascender los l\u00edmites con extensiones tecnol\u00f3gicas o con expansiones de conciencia. Si cualquier experiencia es construcci\u00f3n, lo que cuenta es el arte de construir.<br \/>\nSabemos que estamos condicionados, y \u00e9ste es el meollo de la lucidez y el aliento cr\u00edtico. Sabemos que no sabemos, y ah\u00ed est\u00e1 nuestra peculiaridad y nuestro margen.<\/p>\n<p>\u00abEstuvo aqu\u00ed JX, con su rostro contenido, concentrado, pulcro, y su figurita divina envuelta en un traje sastre minifaldero\u00bb. Es el arranque, el vislumbre provisional de una Gestalt. No tengo prisa alguna. Miro a JX. Ella me mira a m\u00ed. Se sienta en el sill\u00f3n de cuero donde yo suelo dormir la siesta. La minifalda deja al descubierto sus muslos. Mi deseo viene impl\u00edcito en mi mirada. O mi mirada en mi deseo. Y una compleja computaci\u00f3n se produce en mi sistema nervioso.<br \/>\nAnte todo la mirada, s\u00ed. <i>Le regard.<\/i> Necesitamos mirarnos. Recuperar nuestra condici\u00f3n de sujetos. Tras casi una semana de no ver a esta mujer necesito, ante todo, mirarla. Mucho antes mirarla que tocarla. (Conviene dar tiempo a la gestaci\u00f3n de la sorpresa y del encuentro; porque cada encuentro requiere una cierta previa recapitulaci\u00f3n de todo lo que ha habido; como una ontog\u00e9nesis que resumiera una filog\u00e9nesis.) El caso es que necesito reinventar nuestra fiesta, volver a poner en marcha nuestra dial\u00e9ctica. Luego, seg\u00fan resulte de la mirada, la exploraci\u00f3n proseguir\u00e1 con la palabra, el tacto, el olfato. (Ciertos indios americanos se saludan entre s\u00ed con la expresi\u00f3n \u00abolfat\u00e9ame\u00bb.) Y en la misma medida en que uno redescubre al otro se redescubre uno a s\u00ed mismo.<br \/>\nS\u00ed, es indispensable arrancar de la sorpresa. La sorpresa de que el otro es un ser-otro, no una mera proyecci\u00f3n m\u00eda. Indispensable y saludable, porque a poco que uno se descuide, queda uno encerrado en el solipsismo. (Porque el solipsismo es la condici\u00f3n habitual del animal humano -nadie dialoga con nadie- y acaba siendo la manera c\u00f3moda y patol\u00f3gica de zanjar las fisuras: todo viene centrado en el yo). Y con la sorpresa, la curiosidad. Por ejemplo \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 ella?, \u00bfqu\u00e9 diablos hace aqu\u00ed?, \u00bfqu\u00e9 tiene que ver conmigo? La curiosidad socava el solipsismo. Lo cual se produce gradualmente, no de golpe. Escribio Ortega que el <i>otro<\/i> \u00abse nos presenta con la misma sencillez y tan de golpe como el \u00e1rbol, la roca y la nube\u00bb. Discrepo. Ni siquiera el \u00e1rbol, la roca o la nube se nos presentan de golpe y con sencillez.<br \/>\nMi cuerpo se aproxima al cuerpo de ella casi con recelo. En un momento dado, y aunque separadas por los respectivos vestidos, se rozan nuestras regiones genitales. Hay ya una comunidad de vivencia. Ella sigue siendo <i>otro<\/i> y, al mismo tiempo, la distancia entre ella y yo tiende a anularse. y tanto m\u00e1s se anula cuanto m\u00e1s irreducible se hace ella. Momentos atr\u00e1s ella era un bulto; ahora, el bulto ya tiene forma. y formas. El milagro de la superaci\u00f3n del solipsismo ha comenzado.<br \/>\nSartre planteaba las cosas al rev\u00e9s. La <i>honte<\/i>, la verg\u00fcenza, el recelo, se produce <i>antes<\/i> del encuentro, no despu\u00e9s. Es antes de la vivencia compartida que el otro te reduce a objeto. No olvidemos que Sartre era muy feo. \u00c9l pensaba que el encuentro interhumano es la colisi\u00f3n de dos libertades que mutuamente tratan de reducirse a objeto. Sartre construye una peculiar fenomenolog\u00eda de la mirada, <i>le regard<\/i>, porque aborrece que le miren.<\/p>\n<p>En general resultan muy poco de fiar los fil\u00f3sofos cuando transmutan sus obsesiones en discurso. As\u00ed, Emmanuel L\u00e9vinas propone una supuesta \u00e9tica de la alteridad, una primac\u00eda del t\u00fa, del t\u00fa trascendente, y desahoga sus incapacidades sensoriales con frases como esta: \u00abla mejor manera de encontrar al otro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos\u00bb. Excelente. \u00bfY por qu\u00e9 no ir un poco m\u00e1s lejos todav\u00eda?. \u00bfpor qu\u00e9 no decir que la mejor manera de encontrar al otro es la de ni siquiera darse cuenta de que el otro existe?<br \/>\n(Atenci\u00f3n. L\u00e9vinas tiene buenas intenciones, pues escribe que <i>\u00abc&#8217;est seulement en abordant autrui que j&#8217;assiste \u00e0 moi-m\u00eame\u00bb<\/i>. L\u00e9vinas habla de la experiencia del rostro del otro, que es cuando el sujeto queda \u00abdesenclaustrado de s\u00ed mismo\u00bb. Lo cual es atinado. S\u00f3lo que uno se pregunta por  el color de los ojos de ese otro\/otra. Uno piensa que por el camino de la abstracci\u00f3n no se trasciende el solipsismo).<br \/>\nY el caso es que la gravitaci\u00f3n del solipsismo es permanente. Hablas con una persona, descubres ciertas afinidades, os entend\u00e9is\/encontr\u00e1is en una zona del espectro comunicacional y, autom\u00e1ticamente, tiendes a pensar que tambi\u00e9n habr\u00e9is de entenderos \/encontraros en otras zonas. Pero esto ya es pura proyecci\u00f3n. La otra persona es diferente de ti, precisamente otra, otro. Y la sorpresa te la llevas cuando descubres esto, cuando topas con los perfiles de la finitud. Entonces, a menudo, uno se rinde y retorna al solipsismo.<br \/>\nY del solipsismo es dif\u00edcil escapar. Escribe Fernando Pessoa: \u00abNunca amamos a nadie. Amamos, s\u00f3lo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos\u00bb (<i>M\u00e1scaras y paradojas<\/i>). \u00abToda emoci\u00f3n verdadera es mentira en la inteligencia&#8230; y tiene por tanto una expresi\u00f3n falsa. Expresarse es decir lo que no se siente\u00bb (Ib.) Y tambi\u00e9n: \u00ababdicar de la vida para no abdicar de uno mismo\u00bb.<br \/>\nPessoa era un personaje melanc\u00f3lico que no ten\u00eda resuelta la ecuaci\u00f3n entre la literatura y la vida. (Dicen que nunca hizo el amor con nadie). Pero el problema que plant\u00e9a es muy real. Es un problema que pocas personas tienen resuelto, sea en la literatura, sea en la vida. La cuesti\u00f3n es \u00bfno puede la vida entrar en el lenguaje?, \u00bfel lenguaje en la vida? \u00bfEs la literatura, ya para siempre, una colecci\u00f3n de textos sobre otros textos? Borges as\u00ed lo cre\u00eda. Pero Borges se pas\u00f3 la vida entre bibliotecas y laberintos.<br \/>\nUno piensa que lo real\/literario, lo literario\/real, es siempre un acto de <i>construcci\u00f3n<\/i>. Y que en esta construcci\u00f3n (que puede ser instant\u00e1nea) est\u00e1 precisamente la superaci\u00f3n del solipsismo. \u00abEstuvo aqu\u00ed JX, son su rostro contenido, concentrado, pulcro&#8230;\u00bb y era como si fuera la primera vez que nos encontr\u00e1ramos. Arrancando de la extra\u00f1eza y la sorpresa, entr\u00e1bamos en la construcci\u00f3n psicosensorial del encuentro. Tambi\u00e9n literaria. Porque la literatura es la vida contada. Glosa. Pero tambi\u00e9n la vida es glosa vivida. Dec\u00eda Gald\u00f3s que \u00abpor doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela\u00bb. Uno entiende que un encuentro real entre dos personas es a la vez literatura y vida.<br \/>\nLo que ocurre es que hay pocos encuentros reales. Hay poca literatura. Hay poca vida.<\/p>\n<p>\u00abEstuvo aqu\u00ed JX&#8230;\u00bb En encuentro arranca de que ella sigue siendo ella, sigue siendo un <i>alter<\/i>, y su contacto me <i>altera<\/i>. Y tras la alteraci\u00f3n, junto a la alteraci\u00f3n, el deseo, <i>desiderare<\/i>, que es como una radiaci\u00f3n que cubre la distancia. y vuelvo a repetir: en la misma medida en que uno redescubre al otro, se redescubre uno a s\u00ed mismo. Se sorprende uno de s\u00ed mismo. Se sorprende uno del otro. En el infrecuente territorio de la gracia.<\/p>\n<p>Salvador Paniker. <i>Cuaderno Amarillo.<\/i> Plaza &#038; Jan\u00e9s Editores.\t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(lo prometido es deuda) Estuvo aqu\u00ed JX, con su rostro contenido, concentrado, pulcro, y su figurita divina envuelta en un traje sastre minifaldero. \u00abAl principio de volver a vernos, tras una pausa de varios d\u00edas, siempre me pregunto: pero veamos, \u00bfcu\u00e1l es la relaci\u00f3n que tengo yo con este se\u00f1or?\u00bb, explica ella riendo. 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