{"id":1201,"date":"2006-05-22T00:54:31","date_gmt":"2006-05-21T22:54:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=1201"},"modified":"2006-05-22T00:54:31","modified_gmt":"2006-05-21T22:54:31","slug":"ya-se-que-tu-no","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/perdiendo.org\/museodemetralla\/?p=1201","title":{"rendered":"ya s\u00e9 que t\u00fa no"},"content":{"rendered":"<p>\t\t\t\t1.<\/p>\n<p>Se mira en el espejo, aunque no termina de encontrarse en \u00e9l. &#8220;58 a\u00f1os de vida&#8221;, piensa, &#8220;o 10 sin hacer el amor, o 30 de esclavitud, todo dentro de una sola cabecita&#8221;. Se pone las sandalias reafirmantes que le han regalado sus hijas, se encoje de hombros, busca el bolso. En ese momento sale el carcelero de su cuarto, y la saluda. Ella mira para otro lado, haciendo como que no. Coge las llaves y sale por la puerta. No puede con \u00e9l, ni con \u00e9l ni con sus cosas. No le gusta. En la puerta est\u00e1n sus amigas esperando, van a dar el paseo de todos los d\u00edas recomendado por el m\u00e9dico. &#8220;Una especie de antesala de la muerte&#8221;, regurgita, &#8220;no importa lo que hayamos hecho antes, ahora tenemos que encontrarnos aqu\u00ed, caminando, todos los d\u00edas&#8221;. No se lo pasa mal, pero tampoco lo soporta. Le parece indecente que todas est\u00e9n aqu\u00ed por lo que est\u00e1n. &#8220;Ser\u00eda mucho mejor si qued\u00e1ramos por que nos da la gana&#8221;. Como cuando era una cr\u00eda y sal\u00edan todas a jugar a la plaza. Eso s\u00ed era compartir, o amistad, o vida. Esto es una caricatura pobre. Una mala fotocopia. Da los besos de rigor y se ponen a caminar, en lo que le parece una ch\u00e1chara constante sin sentido. Todas hablan, todas cuentan sus cosas, todas r\u00eden, como si quisieran esto y lo disfrutaran. Como si no fueran conscientes de nada. Ella acelera el ritmo, porque las otras son capaces de sentarse a hablar en un banco, y entonces a esto no le quedar\u00eda sentido alguno. &#8220;Eh, Mar\u00eda, que nosotras tambi\u00e9n queremos ir&#8230;&#8221;, bromean, &#8220;\u00a1pues venga, hombre!&#8221;. Y todas aceleran. Han aprendido que los d\u00edas raros es mejor callar y andar, sin preguntar demasiado.<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>Tiene cita con el abogado, pero est\u00e1 muy liada. Hay que partir el hueso del jam\u00f3n y el serrucho hace tiempo que deber\u00eda haber pasado a un trastero m\u00e1s profundo, pr\u00e1cticamente no corta. Ella y frota y frota, enganchada en lo reiterativo y casi m\u00e1ntrico del asunto. Frota por haber sido la \u00fanica chica entre hermanos, frota por las cafeter\u00edas que tuvieron entre todos y que quedaron para todos menos para ella, frota por no haber sabido qu\u00e9 hacer cuando ten\u00eda que haber hecho, frota por los a\u00f1os que tiene y que no termina de encontrar ni en el espejo ni en sus recuerdos, frota porque aunque no lo entiende no puede dudar de la fecha que lee en su documento nacional de identidad. Frota porque frotando todo se nubla y s\u00f3lo queda frotar. Y es un raro momento de paz que no est\u00e1 dispuesta a dejar pasar. Al final el hueso queda dividido en varios trozos, los envuelve con papel transparente y los mete en el congelador, con la rutina de los a\u00f1os. &#8220;No es un mal hueso, dar\u00e1 buen sabor&#8221;. No es incongruente que piense en eso, no es incongruente que piense en cualquier cosa. En el fondo, dar\u00eda todo por volver a las rutinas que establecen el sentido de las cosas. Pero s\u00f3lo en el fondo. Tiene cita con un abogado, pero le ha echado un vistazo a las cortinas y no est\u00e1n muy dignas que digamos. Coge la escalera y las saca de la barra, retirando los peque\u00f1os enganches met\u00e1licos antes de meterlas en la lavadora. Tiene cita con el abogado, pero cuando est\u00e1 pein\u00e1ndose no puede evitar observar que el carcelero ha vuelto a manchar la tapa del v\u00e1ter con gotitas de orines. Qu\u00e9 asco. Compulsivamente coge el estropajo y el vim y frota hasta verlas desaparecer. Frota, frota. No le gusta ver la tapa limpia y el resto a su aire, termina de limpiar la taza. Y despu\u00e9s el lavabo y el bidet, y la ba\u00f1era. Limpia los cristales del espejo y la mampara de la ba\u00f1era, barre y friega el suelo. Las rutinas escanden el tiempo, y la educaci\u00f3n le da sentido a la vida. Tiene cita con el abogado, pero con el tiempo ha terminado asociando el ba\u00f1o a la cocina, y no puede irse sin darle un repaso, total, el agua de la fregona a\u00fan sirve y el carcelero ha ido a dar una vuelta. Esta sola. En este momento las rutinas y la educaci\u00f3n son a\u00fan m\u00e1s importantes, porque generan una pel\u00edcula entorno a uno que impide la autorreflexi\u00f3n. Cuando se quiere dar cuenta hace ya m\u00e1s de una hora que la cita con el abogado ha pasado. Serena coge la cafetera y se prepara un caf\u00e9 con leche, se sienta en el sof\u00e1 y enciende el televisor. Se echa a llorar quedo mientras Mar\u00eda Teresa Campos habla y habla de cosas intrascendentes. Se echa a llorar con un agujero en el est\u00f3mago, porque no entiende c\u00f3mo ha permitido que una vez m\u00e1s todo se detuviera por estupideces. Se echa a llorar mientras toma el caf\u00e9 despacio para no quemarse.<\/p>\n<p>3.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s levantarse ha llamado al abogado para disculparse. Se ha inventado un funeral. No le gusta mentir, pero menos a\u00fan que la tachen de irresponsable. No le puede contar lo del hueso del jam\u00f3n, lo del ba\u00f1o y lo de la cocina. Lo del carcelero s\u00ed, pero no viene a cuento, no le puede resumir 30 a\u00f1os en una llamada telef\u00f3nica, no cabr\u00eda y no sabr\u00eda, as\u00ed que tiene que mentir. Le dan el p\u00e9same por un ser querido inexistente y el abogado se disculpa diciendo que no puede concretar otra cita hasta dentro de dos semanas. A ella le parece bien. Dos semanas es mucho tiempo. Nada m\u00e1s colgar le parece mal, porque dos semanas es mucho tiempo, pero vuelve a tener cita con el abogado, as\u00ed que se siente de nuevo en forma, preparada, guerrera. Tiene dos semanas para pensar que realmente est\u00e1 haciendo algo.<\/p>\n<p>El hecho de haber dejado correr la cita de ayer se le ha olvidado. Le molesta que quede tanto para empezar todo el proceso. &#8220;Bueno, las cosas vienen como quieren venir&#8221;, se dice. Se mira en el espejo, aunque sigue sin encontrarse del todo en \u00e9l, y se baja al paseo matutino con fastidio. &#8220;Ya estamos todas otra vez aqu\u00ed, en la antesala&#8221;. Sin embargo, cuando llega agosto y no hay casi nadie para caminar, lo echa de menos. No le da valor a la incongruencia, porque no la ve. Son s\u00f3lo dos momentos diferentes.<\/p>\n<p>Hoy camina despacio, escuchando las conversaciones de las dem\u00e1s. No le importa detenerse de cuando en cuando. Rosa tiene problemas con su rodilla, y hay que ser comprensivo. Cuando la ve a punto de reventar, sugiere entrar a desayunar en una cafeter\u00eda. Se alegra cuando ve su sonrisa c\u00f3mplice, y se involucra en la ch\u00e1chara sin sentido hija del d\u00eda a d\u00eda. Est\u00e1 a punto de hablar, pero no lo hace. Los trapos sucios se lavan en casa, y s\u00f3lo se tienden en el tendedero cuando est\u00e1n limpios, blancos y resplandecientes, cuando ya no hay nada que contar y s\u00ed mucho de lo que enorgullecerse. Se pide un caf\u00e9 con leche y una tostada. Y lo cierto es que es reconfortante el sabor del melocot\u00f3n mezclado con el pan y con la mantequilla, pero se deja media tostada sin untar. Despu\u00e9s, cuando le queda media taza de caf\u00e9, unta el pan s\u00f3lo con mantequilla y le echa encima un sobrecito de azucar, y eso le hace sentirse bien. Cuando era una ni\u00f1a le daban para merendar todos los d\u00edas lo mismo, porque ten\u00edan la tienda del pueblo y pod\u00edan permit\u00edrselo. Pan con mantequilla y az\u00facar. Cuando jugaban por las tardes en la plaza siempre les interrump\u00edan las madres con la merienda. Detr\u00e1s de la iglesia extend\u00edan el bot\u00edn sobre la hierba y lo repart\u00edan. Se miraban y sonre\u00edan, felices. Nada era de nadie y todo era de todas. La vida no es mala del todo, porque ahora tiene media tostada de pan con mantequilla y az\u00facar para ella sola. Se mete el \u00faltimo trozo en la boca, golosa, y se relame. Despu\u00e9s, toma el \u00faltimo sorbito de caf\u00e9 con leche y deja que se mezcle todo con morosidad detr\u00e1s de los labios. Puede tragarlo, pero no quiere. Da vueltas y vueltas en su boca y centra en ello toda su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuando todo pasa, reaparece en la ch\u00e1chara, que es de nuevo insoportable. Y piensa que despu\u00e9s de la ch\u00e1chara vendr\u00e1 el carcelero. Y la noche, y el d\u00eda. Pero tiene una cita para el abogado para dentro de dos semanas, y por eso no le importa ayudar a Rosa a levantarse cuando todas abandonan la cafeter\u00eda para seguir caminando.<\/p>\n<p>4.<\/p>\n<p>En casa, el carcelero. &#8220;Cari\u00f1o, no podemos seguir as\u00ed&#8221;. No conoce la cita con el abogado, as\u00ed que no tiene ni idea de lo que es &#8220;as\u00ed&#8221;. No piensa soltar palabra. Se mete en su cuarto y enciende el televisor. El carcelero, el que le ha dado esta vida sin ella, siempre intenta acercarse, sin darse cuenta de que ya es demasiado tarde. Pero hoy es diferente, el carcelero abre la puerta en un gesto de prepotencia que le hace sentir la sangre hirviendo en sus venas. S\u00f3lo puede mascullar &#8220;fuera de aqu\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>Y si ha visto la cara de dolor del otro, la olvida y la transforma en una cara de rabia, porque es lo que necesita. Y recuerda la cara de rabia mientras cerraba la puerta. Y siente propia esa rabia y la utiliza, la ingresa en el cuerpo de cosas para no olvidar. Sigue mirando el televisor, sola. En esa especie de soledad acompa\u00f1ada cuando sabes que el otro est\u00e1 a dos tabiques de distancia. Oye al carcelero salir a la terraza y encender un cigarro. Toser. &#8220;C\u00f3mo odio esa tos, llevo 15 a\u00f1os dici\u00e9ndole que deje de fumar&#8221;. Cambia de canal y se deja engatusar por salsa rosa. Mientras se enternece viendo llorar a un idiota sabe que otro idiota llora a dos tabiques de distancia.<\/p>\n<p>Pero ella no le ve llorando. Le ve tejiendo la trama de nuevo. De momento, ella ha conseguido poner a salvo su territorio. En esta guerra de tabiques de pladur ha ganado la primera batalla. Durante un segundo nota un agujero en el est\u00f3mago, pero piensa en la cita con el abogado y todo retoma su sentido, su orden y su lugar en el mundo. &#8220;Vamos por el buen camino&#8221;. Y se duerme, mecida por el sonido regular de la tos y m\u00e1s tarde de los ronquidos.  \t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Se mira en el espejo, aunque no termina de encontrarse en \u00e9l. &#8220;58 a\u00f1os de vida&#8221;, piensa, &#8220;o 10 sin hacer el amor, o 30 de esclavitud, todo dentro de una sola cabecita&#8221;. Se pone las sandalias reafirmantes que le han regalado sus hijas, se encoje de hombros, busca el bolso. 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